viernes, 30 de enero de 2015

EMOCIONES ÍNTIMAS

EMOCIONES II
La noche que nos conocimos –no la que nos acostamos- yo conversaba con amigas de Raquel -y ya mías- en un bar que pone la música a un volumen aceptable para mantener conversaciones y Leo se fijaba descaradamente en mí. Cuando nuestras miradas coincidían, sensaciones entre tiernas y excitantes me palpitaban en la boca del estómago.
-Está buenísimo -comentó la propia Raquel.
-¿Cómo dices?
-No te hagas de nuevas, guapa, te come con los ojos.
Me considero pudorosa y, aunque me guste un chico, me cuesta transmitirle ese tipo de información. Pero pronto comprendí que aquel no era de los que precisan que una se insinúe. Justo cuando regresaba del baño se me acercó de un modo absolutamente descarado para dedicarme un piropo que sonaba a medias entre provocativo y grosero.
Se me encendieron las mejillas y sentí un brusco acceso de calor.
-Te has puesto roja –dijo con un tono como si le gustara.
Oh, imagino lo colorada que me puse, pues me suele suceder incluso cuando la más inocente de las emociones perturba mi ánimo.
Mi amiga sonrió.
-No pretendía sonrojarte, pero la verdad es que eres un auténtico bombón.
Guardé un pudoroso silencio, simulando una indiferencia absurda a todas luces. No pude, sin embargo, evitar fijarme en su cuerpo de atleta y en la pícara mirada de sus grandes ojos. Nunca había visto a un chico tan guapo y eso que había conocido chicos guapos. Ni tan seguro de sí mismo.
Recuerdo que vestía vaqueros ajustados a sus poderosos muslos y una camisa en tonos azules que, aun no pudiendo calificarse de estrecha, le marcaba los pectorales. Imaginé lo delicioso que resultaría sentirse desnuda entre sus brazos, rodando entre cálidas sábanas, el contraste de su fuerza casi animal sobre mi figura delicada y flaquita como una rama joven de cerezo, cómo me defendería de sus caricias que, en un alarde de masoquismo, llegué a imaginarme entre halagadoras y violentas. Esa imagen me excitó. Sin embargo, retrocedí un paso hacia atrás porque me sentía intimidada con su manera de acercarse susurrando piropos a mi oído.
-¿Te doy miedo?
-¿Cómo dices?
-¿Si te dan miedo los hombres?
No supe responderle, porque por un lado le hubiera estampado con gusto un bofetón, pero por otro, un impulso, hasta cierto punto comprensible considerando lo que estaba aconteciendo en mis neuronas, me animaba a sentirlo más y más cerca de mí. Bajé la vista e imagino que de nuevo mi cara se encendió como si la alcanzara el fuego.
-Veo que eres demasiado tímida para lo que se estila hoy entre las chicas de tu edad.
-Es que me parece… -dije balbuceando.
-No te preocupes, me encantan las chicas tímidas.
Cuando pronunció esas palabras ya se encontraba tan próximo que pude olerlo y el aroma de su piel me puso aún más nerviosa. No olía a colonia sino a una mezcla de frescura y erotismo que contrariando mis precauciones, me excitaba poderosamente. ¡Dios mío!, pensé, ¿qué me sucede? Nunca en mi vida (bueno, puede que exagere, pero casi nunca) los simples intentos de un hombre por seducirme me habían enardecido hasta esos límites. Me temblaban las piernas y varias zonas de mi cuerpo –no sólo el corazón- palpitaban a un ritmo desenfrenado.
Sin duda se estaba percatando de lo que sucedía dentro de mí, por muchos disimulos de niñita ingenua a que me entregara, y eso lo animó a continuar con sus atrevidos coqueteos.
-Por favor… –le dije cuando me tomó de la cintura, pero con una vocecilla muy poco convincente y permitiendo que me estrechara. Tampoco me retiré cuando acercó de nuevo sus labios para susurrarme… Bueno, ya no recuerdo las groserías que me dijo, y las que recuerdo me avergüenza repetirlas porque por muy halagadoras que resulten para una chica, incluían piropos y proposiciones que no había recibido nunca con un lenguaje tan -¿cómo definirlo?, ¡oh, Dios!-.
Por primera vez en la noche le sonreí. Creo que la sonrisa respondía a un débil mecanismo de defensa.
-Eso ya me gusta un poquito más.
-¿Qué es lo que tanto te gusta? –le dije porque, aunque seguía intimidada, la excitación y las ganas de coquetear me iban soltando la lengua.
-La sonrisa tan encantadora que tienes –dijo el muy granuja, mientras se acercaba al lóbulo de mi oreja y lo rozaba con sus labios para insinuarme-: ¿te gustaría pasar la noche conmigo?
-No soy de las que se acuestan con alguien la primera noche –me apresuré a decirle.
-¿No? –preguntó, como si se extrañara.
-Por supuesto que no, ¿acaso te extraña?
A esa respuesta (¿pregunta?) sus labios esbozaron su propia e irónica sonrisa.
-Creo que te has equivocado eligiendo chica –le dije.
-Nunca me equivoco con las chicas.

...

jueves, 29 de enero de 2015

EMOCIONES ÍNTIMAS


Mientras ordeno el abundante material de mi entrevista con Penélope, quiero hablar de épocas apasionantes de su vida, ya un poquito mayor, recién terminada la carrera y cuando busca emociones más y más íntimas.
                                                        I
Después de un tiempo que siendo benévola puedo considerar bastante movido tanto en lo que se refiere a mis tempranas experiencias afectivas como sexuales, mi vida experimentó un brusco cambio los últimos años de carrera. Comencé a centrarme en mis estudios, apenas salía de fiesta con las amigas ni con chicos y la Penélope tímida y prudente comenzó de nuevo a regir mis destinos.
Creo que influyeron en ese cambio de actitud el divorcio de mis padres, la decepción al sentirme abandonada por Jose Luis, después de una turbulenta pero apasionada relación, y puede que también la tendencia innata de mi carácter a la melancolía.
Una vez conseguido el título de psicóloga me pasé dos largos y tediosos años preparando los exámenes de acceso al P.I.R. y, tras sendos fracasos, decidí ponerme a trabajar de dependienta en una floristería. Tuve la inmensa suerte de encontrar una chica tan encantadora como Raquel para compartir piso.
Raquel trabaja de enfermera a turnos en un hospital y, aunque contaba con sus propias amigas, congeniamos tan bien que de vez en cuando salíamos de copas y no se cansaba de animarme viendo lo que ella definía como “lo aburrida que soy”.
-No soy aburrida, Raquel. Es que me encuentro en una etapa de mi vida en que no me apetecen las fiestas.
-¿Con veintitantos años no te apetecen las fiestas?, cielo.
Le sonreí.
La mayoría de las veces accedía a sus amables invitaciones.
Me encontraba con ella cuando conocí a Leo.
Aunque no puedo considerarme una puritana ni tampoco alguien que pone demasiado énfasis en que sus principios no colisionen con su pasión, me había propuesto que si volvía a salir con un chico habría de ser alguien que además de complacer mi cuerpo y mis sentidos, me llegase al fondo del alma. Vamos, que sintiese verdadero amor hacia él. Por eso quise que quedara perfectamente delimitado desde un principio el terreno en que iban a desarrollarse nuestras relaciones.
-Eres curiosa, ¿verdad?
-¡No soy curiosa!
-Entonces, ¿a qué vienen ese tipo de preguntas?
-Leo, necesito convencerme de que no buscas una simple aventura, que pretendes algo más que acostarte de vez en cuando conmigo y que hagamos el amor.
-¿No te gusta cómo hacemos el amor?
-Me gusta.
-¿Cuánto?
-Mucho, mucho, mucho. Pero no quiero convertirme en una… En una de esas amigas….
-¿Folla-amigas?
-Eso, no quiero convertirme en tu folla-amiga.
-Entonces no te preocupes, me encantan las folla-amigas, pero también las chicas que tienen claro lo que quieren.
-Pues elige -le pellizqué los abdominales, mientras me acurrucaba como una gatita mimosa, descansando mi cabeza sobre su fuerte pecho desnudo-. Necesito conocer la clase de hombre a quien estoy a punto de abrirle las puertas de mi corazón -le dije-. ¡No te rías! Me cortejas…
-Oh, ¿sigue existiendo esa palabra?
-Me invitas a cenar, me traes a tu casa y nos amamos como a una chica le gusta que la amen.
-Vaya, menos mal que te gusta cómo “te amo”.
- En serio, Leo, intuyo que nuestra relación... Vamos, que me estoy enamorando de ti, aunque te considere un poquito gamberro.
Recuerdo que empezaba a amanecer. Habíamos pasado una de las noches más maravillosa de mi vida. Al menos de los últimos años. Me miró a los ojos y mientras me estrechaba por la cintura, acarició mi encendido rostro con su otra mano y nos besamos. Después de los besos, me dijo:
-Yo también te quiero, preciosa.
-¿Me lo vas a contar? - le pregunté.
-Si insistes.
-No me gusta liarme con hombres casados, que lo sepas.
Aquella primera noche que compartimos como comparten dos bocas un mismo dulce, no es que se mostrara demasiado explícito, sin embargo sus alusiones a quien no me acostumbro a referirme por otro nombre que doctora Gwendoline me ofrecían sobradas pistas de que la relación con la mujer con quien Leo había cometido el error de casarse, no es que se encontrara en dificultades o una de esas etapas que se conceden algunas parejas para comprobar si pueden vivir el uno sin el otro, sino a punto de romperse en mil pedazos.
No acostumbro a alegrarme del mal ajeno. Pero mentiría si digo que no me alegré...


miércoles, 28 de enero de 2015

Sexientrevista


ENTREVISTA XXXVII
PAULA- Imagino que le sacarías partido a esa semana de vacaciones.
PENÉLOPE- Te he contado lo cotillas que son en el pueblo. Y cómo a las chicas que íbamos de la ciudad nos consideraban medio putas.
PAULA- Y yo te respondí que pienso que exageras.
PENÉLOPE- Te estoy hablando de hace doce años y no exagero. Tenías que haber oído las cosas que me decían cuando me encontraban sola por la calle.
PAULA- Doce años es ayer, como quien dice. Y que te piropeen no debería extrañarte a estas alturas de película.
PENÉLOPE- ¿Recuerdas a Sonia, la chica de Madrid?
PAULA- Recuerdo que era muy guapa y que había regresado en vuestro coche de la fiesta.
PENÉLOPE- Lo que no te expliqué fueron los motivos de que regresara con nosotros.
PAULA- Pero vas a contármelos.
PENÉLOPE- Serían sobre las cinco de la madrugada cuando la vimos aparecer mirando en todas direcciones a la puerta del bar donde Rafa se tomaba su “última” copa.
>>Cuando nos vio vino directa hacia nosotros. No se me olvida aquella cara de susto.
>>Había quedado por la tarde en el pueblo con otros chicos y chicas con los que mantiene buena amistad pero le sugirieron que buscara a alguien que la llevara porque ellos ya eran cinco. Aunque si no encontraba a nadie podían arriesgarse viajando los seis. Luisma, amigo de Rafa con quien las dos hablamos en alguna ocasión y, según ella, parecía simpático, y Felipe, pariente lejano de la propia Sonia -no recuerdo si primo de su padre o algo parecido, pero familia-, bastante mayor y casado, se ofrecieron a llevarla en su coche y luego recogerla para el regreso. Según su primera versión, debieron despistarse y de pronto se vio sola y asustada porque los amigos acababan de irse. Se le ocurrió buscar por los bares a ver si encontraba a algún conocido y dio con nosotros.
>>Pero al día siguiente cuando nos encontramos ella y yo a solas, me comentó:
“Muchas gracias, Pe, no sabes el favor que me hicisteis anoche”.
“Hija, tampoco es para tanto. Hubiéramos traído a cualquiera”.
“Es que delante de Rafa no me atrevía a contaros la verdad”.
“¿Sucedió algo?”
“No nos despistamos. Son unos cerdos”.
“¿Quiénes?”
“Tanto Luisma como Felipe, y eso que es pariente de mi padre”.
“¿Qué te hicieron?”.
“Ya a la ida reímos sus “gracias” con evidentes segundas intenciones (yo por seguirles el rollo y también porque pensaba que se trataban de bromas de chicos) y sus referencias a lo buena que estoy y a lo “ligeritas” (utilizaron esa palabra) que somos las “veraneantas”.
“Aparcaron en una explanada a las afueras del pueblo”.
>>También nosotros habíamos aparcado allí, porque con las fiestas y varias calles peatonalizadas o estrechas, comentó Rafa que en el casco urbano sería imposible aparcar.
“Yo me presenté justo a la hora que habíamos acordado”, me comentó Sonia.
>>Le temblaba la voz.
“Me esperaban de pie al lado del coche. Me preguntaron qué tal me lo había pasado. Les dije que bien y ya me extrañó que mientras Felipe se colocaba al volante, Luisma me invitara a entrar en los asientos de atrás cuando a la ida había viajado en el de copiloto. Pero tampoco le di mayor importancia porque pensé que quizás le apeteciera a él ocupar ese asiento. Me mosqueó en cambio que nada más sentarme, entrara conmigo”.
“No arrancaban. Nos miramos. Yo sorprendida. Y de pronto Luisma comenzó a tocarme. “Oye, ¿qué haces?”, le dije. “No vayas de estrecha, guapa”, me respondió mientras ya manoseaba uno de mis pechos y Felipe se reía”.
“Si te digo que me sorprende te miento”, le dije yo, “viendo cómo me miran cuando nos cruzamos en el pueblo y lo que murmuran tanto uno como otro y sus amigotes, no me extraña en absoluto”.
“Creerás entonces que una de las cosas que comentaron fue, “sabemos de sobra que las que llegáis de fuera como la nieta de la Antonia (se refieren a ti) y tú sois unos zorrones que a lo único que venís al pueblo es a calentarnos a los tíos y hartaros de follar”.
“Serán cretinos”.
“Me puse muy nerviosa, Pe. Trataba de apartarle las manos con que intentaba desnudarme y le suplicaba, déjame, casi sollozando, pero el muy cerdo me colocó una en la cintura y la otra me la metió bajo el vestido acariciándome la cara interna de los muslos hasta alcanzarme la entrepierna donde presionó sobre el tanga con los dedos, diciendo, “mira, bonita, no te pongas tonta, echas un polvo con cada uno de nosotros o te dejamos aquí tirada o a mitad de camino. En el fondo sabemos que lo estás deseando”.
“Y Felipe, ¿no decía nada?”.
“Reírse, el muy imbécil, dejándole la iniciativa al Luisma pero dispuesto a participar en lo que pensaban hacerme”.
“Pero si estás empapada, zorrita”, dijo Luisma mientras me introducía dos dedos el muy cerdo.
“Yo junté fuerte las piernas sollozando y él me babeaba lamiéndome con su asquerosa lengua el cuello y la cara. Ya me había convencido de que me iban a violar cuando me dio por empujarlo en el pecho. Como si no se lo esperase, el muy cretino se quedó paralizado un segundo que aproveché para alcanzar la manilla de la puerta y salir gritando, socorro. Miraba hacia atrás, corría y solo cuando comprobé que se habían quedado en el coche, decidí buscar por los bares a alguien conocido, muerta de miedo y palpitándome el corazón. Por suerte os encontré a vosotros”.
>>En ese momento a la pobrecilla se le escapaban las lágrimas. Yo la abracé y le dije:
“Tranquila, Sonia, no llores, ¿por qué no los denuncias?”.
“¿Piensas que va a servirme de algo si alego que intentaron violarme a las cinco de la mañana en su coche, después de un fiesta, sin testigos ni señales en mi cuerpo que me avalen?”
>>La mantuve entre mis brazos y la acaricié hasta que conseguí que se calmara...



martes, 27 de enero de 2015

Sexientrevista


ENTREVISTA XXXVI
PAULA- Me sorprende lo bien que te coordinas con tus amantes.
PENÉLOP- No es sencillo, ¿verdad?
PAULA- Nada sencillo. Salvo, por lo que estoy oyendo, para la afortunada Penélope. ¿Te ayudaron las fantasías?
PENÉLPE- Puede. Pero no creas Pau que siempre lo consigo.
PAULA- ¿Te preocupa?
PENÉLOPE- En absoluto. Hay ocasiones como la de aquella Nochevieja que parece que lo piden, pero en otras he disfrutado tanto y más alcanzando cada uno el orgasmo a su ritmo. Eso permite dedicarle un poco más de atención a tu chico o que él te la dedique en el instante del clímax.
>>Cuando terminamos me volteó para besarme en los labios y repetir lo mucho que le gustaba y lo bien que se lo pasaba conmigo. Mirándole a los ojos volvió a escapárseme una dulce sonrisa.
“Ahora sí me gusta que te rías. Y la cara de felicidad que se te ha puesto”.
>>Le rodeé la cintura con mis brazos pero no quise contarle lo que estaba pensando y tanto y tanto incrementaba mis deliciosas sensaciones de placer.
>No se veía nada hacia fuera por culpa de espesa capa blanca de nieve que cubría el parabrisas y los cristales de las ventanillas oscurecidos por el vaho de nuestras respiraciones. Tiritaba. Nos abrazamos fuerte fuerte.
“Vaya primita friolera”, me dijo, “si quieres echamos otro para que acabes de entrar en calor”.
“Anda, bobo”, le dije mientras le acariciaba su culete, “si tú también estás helado”.
“Feliz año nuevo, prima”, me dijo, tras un nuevo y apasionado beso.
“Feliz año, Rafi. No había empezado ninguno tan feliz”.
“Eres muy jovencita”.
“No creo que se deba a los pocos años que tengo”.
“Me alegro”.
>>Nos vestimos rápido rápido, le sugerí que pusiera a tope la calefacción y salimos del bosque muy contentos pero despacio por culpa del estado del camino.
PAULA- No todas hemos vivido una Nochevieja tan romántica.
PENÉLOPE- Imagino que muchas. Hay noches que lo favorecen y esa es una de ellas. No irás a decirme que tú...
PAULA- Esto, Pe, cada día se parece más a una larga conversación entre amigas que a una entrevista.
PENÉLOPE- ¿No te parece bien?
PAULA- Lo prefiero.
PENÉLOPE- ¿En todos los sentidos?

PAULA- En todos...

jueves, 22 de enero de 2015

SEXI ENT.


SEXIENTREVISTA XXXV
>>Yo ya entonces era una chica precavida.
PAULA- No en todos los sentidos.
PENÉLOPE- En los que importa. A pesar de lo excitadísima que estaba.
>>Aunque debíamos recorrer apenas quince quilómetros no quería sorpresas desagradables. Mi primo me sonrió, volvió a besarme, colando sus manos bajo mi jersey para estremecerme con sensuales caricias en cintura y costado, y dijo:
“Yo estoy muy bien aquí. Podemos buscar algún sitio que nos guste. Pero también te aseguro que controlo. Han pasado más de dos horas desde que nos bebimos la última botella de champán”.
“¿Estás despejado?”.
“Completamente”.
“Bueno, entonces arranca porque me estoy quedando fría”.
>>Me acurruqué contra su hombro. Con la mano derecha me hizo una dulce carantoña. Recuerdo que la temperatura seguía rondando los cero grados. A la entrada del pueblo hay un pequeño bosque de encinas. Rafa se adentró en un camino de tierra y se detuvo bajo el primero de los árboles con la intención de que hiciésemos el amor. Nada deseábamos más después de haber compartido tanta diversión y tanto cariño a lo largo de la noche.
>>No habíamos aparcado cuando comenzó a nevar. Copos de nieve grandes como cerezas iban cayendo sobre nosotros.
“Tengo mucho frío, Rafi”.
>>Me abrazó con fuerza y me besó por toda la cara como si pretendiera con eso ayudarme a combatir el intenso frío. Luego me bajó los vaqueros y las braguitas, pero le pedí que no me quitara el jersey.
PAULA- Según lo cuentas tiene toda la pinta de un polvo de lo más romántico, en un bosque de encinas, al crepúsculo y bajo un precioso manto de nieve.
PENÉLOPE- Si no hubiera sido la temperatura... Creo que él sentía tanto frío como yo aunque quisiera hacerse el valiente desprendiéndose de toda su ropa. Se pasó a mi plaza y mientras reclinaba el respaldo del asiento hacia atrás me obligó a echarme de bruces. Hurgándome bajo la camiseta encontró mis pechos y cuando se cansó de acariciarlos, abrió la puerta de mi lado.
“Oh, Rafa, cierra, que me congelo”, le dije.
>>Se rió. Había cogido un puñado de nieve y en cuanto volvió a cerrarla lo colocó sobre mi culete.
“¿Qué haces? Estás loco”, chillé contrayendo las nalgas por la impresión.
>>Sin embargo, a medida que me lo restregaba y lo iba acercando a mi entrepierna comenzó a gustarme y cuando lo colocó a la misma entrada de mi vagina ya me moría de gusto.
“Está friísima”, le comenté.
>>La única que hablaba era yo. Y de pronto se me escapó la risa.
“¿De qué te ríes?”
“De nada”.
>>Me había venido a la memoria la lasciva mirada del portero de la discoteca y me atreví con la fantasía de haberle puesto los cuernos a Rafa con aquel tío grande como un castillo, de cabeza rapada y unos brazos que amenazaban con explotar las mangas de la chaqueta de su uniforme y al que estaba segura de que le hubiera encantado follarme.
“¿Te está haciendo ahora efecto el hachís?”
“No sé”, y volvió a escapárseme la risa. El hecho de que en mi postura no tuviera que verle la cara a mi primo me ayudaba bastante a imaginarme al forzudo vigilante abordándome en la disco una de las veces que me dirigía al baño y llevarme a un reservado donde me bajaba con violencia los vaqueros y las bragas y en un solo gesto me sacaba la camiseta y el jersey y tras levantarme con sus poderosas manos sosteniendo por el dorso de mis muslos me penetraba a lo bestia con su polla que también quise imaginar aún más grande que la de Rafa. Yo me derretía de gusto abrazada a su cuello, desnuda y recibiendo con todo mi cuerpo en el aire sus violentas embestidas mientras mi novio se bebía solo nuestra botella de champán. A mi regreso no le sorprendería que hubiera tardado más tiempo del razonable sino la cara de felicidad que se me había puesto.
“Te vas a dejar de reír”, me amenazó Rafa, como si le molestase que me riera.
“¿No te gusta que me ría?”.
“Me gusta pero no entiendo de qué te ríes”.
>>Me seguía acariciando, buscándome con su endurecido miembro que aún con algunos copitos de nieve humedeciendo mis labios mayores entró en mí con el ímpetu del rayo de una tormenta. Chillé como una escandalosa.
“¿Porqué no te ríes ahora?”
“Eres un maldito cochino”, le dije y, aunque no lo pretendía, me reí. Sin duda el canuto me había puesto muy imaginativa, muy cachonda y muy alegre. Los copitos de nieve se derritieron. Me había izado tomándome de las caderas y yo me abracé al respaldo, abandonada, como si me hubiese partido en dos pero gozando como una perrita viciosa. El intercambiarlo en mi fantasía con el vigilante de seguridad incrementaba mi excitación. Me entraron tentaciones de decírselo o dirigirle alguna expresión como si fuera aquel bruto de casi dos metros de alto y unos músculos como los del increíble Hult quien me estaba penetrando con tantísimo deseo pero preferí optar por una opción que consideraba más acertada.
“¡Oh, Rafi!”, suspiré, “sigue”.
>>Me indicó que elevara el culo un poco más y en esa postura deliciosa aunque algo forzada para mí, me continuó follando con el ansia de casi cuatro meses sin vernos y el estímulo de una noche preciosa juntos, aunque no ignoraba que en cuanto a él cabían muchas posibilidades de que se hubiera acostado con otras chicas en ese tiempo. Pero no me importaba. Solo quería sentirlo muy dentro de mí, golpeándome, llegándome a un fondo donde las sensaciones más maravillosas que pueden sentirse siendo mujer me inundaban de gozo. Y en cambio cerrando los ojos para imaginar que era el portero de la disco quien me lo estaba haciendo. Como allí no podía oírnos nadie, gemí y chillé tan escandalosamente como la primera vez que me metió su endurecida polla. Pidiéndole lo que nunca me había atrevido a pedirle. Descarada gracias al canuto y la ayuda fantasiosa .del tío que me había mirado con verdadera lujuria. Creo que incluso suplicándole que me golpeara más fuerte hasta que nos corrimos a un tiempo y entonces me abandoné, flojita y acurrucada sobre el asiento del coche pero rogándole que me abrigara con sus brazos y piernas.

...

martes, 20 de enero de 2015

SEXY ENTREVISTA


SEXY ENTREVISTA XXXIV
>>La temperatura no subiría de uno o dos grados bajo cero. Yo, que soy muy friolera, me había vestido pantalones vaqueros, camiseta, un jersey de lana y encima un abrigo por debajo de las rodillas.
>>Rafa no me había dicho que contaba con coche propio, un Golf de segunda mano comprado por su padre, por ser buen chico y colaborar en las labores del campo, según él (lo segundo me lo creo). Tuve que pedirle varias veces que no corriera.
>>En la disco, había reservado dos entradas incluyendo consumiciones y cotillón.
PAULA- Imagino que tu primera fiesta con chicas y chicos mayores.
PENÉLOPE- Me sentía orgullosa. En ningún momento se me pasó por la cabeza que fueran a prohibirme la entrada a mis dieciséis. Sin embargo, cuando llegamos a la puerta y el chico de seguridad se me quedó mirando fijamente a los ojos, sí temí que me la impidiera.
PAULA- Le gustarías.
Sonríe.
PENÉLOPE- En la pista donde bailábamos también me miraban, sobre todo los hombres. Quizás les llamase la atención mi cara aniñada con carnosos labios y el sudor perlándome las sienes y sin embargo no haberme quitado el jersey, o que bailo suelto muy bien. Pero me miraban. Bailamos hasta caernos de culo. A Rafa le gustaba tomarme de vez en cuando por la cintura y susurrarme alguna palabra bonita mientras me rozaba la mejilla o el cuello con sus labios. Yo reía y seguía bailando. Intercambiamos lanzamientos de confetis y serpentinas con otros bailarines, nos besamos cuanto nos apeteció y brindamos con champán, ¡yo que nunca en mi vida había probado bebidas alcohólicas! Pero entendía que aquella noche era diferente y, aunque no es que me gustara demasiado, como todo el mundo bebía, también quise contribuir generosamente a vaciar nuestras botellas.
PAULA- Hablas en plural.
PENÉLOPE- Bebimos dos. Creo que en algún momento estuve un poco piripi e hice alguna que otra tontería. Pero divertidas todas. Cuando nos cansamos de bailar en la pista nos sentamos en nuestra cómoda butaca de cuero con las piernas estiradas y reclinados hacia atrás. Rafa lió un canuto de hachís y me lo ofreció para que lo compartiéramos. Le dije que no, pero insistió.
“No fumo, Rafi”.
>>Pero siguió insistiendo para que lo probara y acabamos fumando e intercambiando caladas y jugando a pellizcarnos y besarnos. Cuando terminamos el canuto me colocó un caramelo en la boca. Yo le di cuatro o cinco lametones y lo coloqué en los labios para ofrecérselo y que lo tomara con los suyos como habíamos hecho en otras ocasiones. Ya bastante excitado, me coló una mano por debajo de la camiseta y comenzó a jugar con mis pezones. Se me pusieron duros y me acerqué a él cuanto pude. Sin dejar de mirarle a los ojos. Entonces me rodeó los pechos con movimientos muy suaves y luego descendió la mano hasta alcanzarme el vientre. Como intentaba introducirla bajo mis pantalones vaqueros contraje los músculos de esa zona para facilitarle el camino sin tener que soltar el botón ni que me bajara la cremallera. Estábamos viviendo una noche increíble -por excitante y divertida-. Separé un poco mis piernas estiradas y él, protegido por mi largo jersey de lana, avanzó hasta alcanzarme el ribete de las braguitas mientras la música seguía sonando a todo volumen y un número considerable de parejas continuaban saltando en la pista delante de nosotros sin demasiado sentido del ritmo. Comencé a sentir cosquillas en la boca del estómago y lo abracé para besarlo. Pensaba que me iba a masturbar. Pero en cuanto las yemas de sus dedos alcanzaron los pelitos de mi pubis los acarició como si los peinara, apenas si me rozó el clítoris, y luego retiró la mano hacia zonas más templadas. Le gustaban ese tipo de juegos. Mi sexo se había inflamado y el flujo vaginal me inundaba el espacio donde nacen los muslos. Le mordí una oreja.
“Te estás poniendo muy caliente”, me dijo, con las caras juntas muy juntas.
“Me estás poniendo caliente tú”. Y lo besé explosionando el beso en su pabellón auditivo. “¿Por qué no nos vamos?”

“Cuando quieras, preciosa. Necesito follarte”.
“¿Y qué piensas que necesito yo?”.
“Te estás convirtiendo en un verdadero diablo”.
“Diablesa dirás”.
>>Cuando salimos, el musculoso vigilante de la puerta de entrada volvió a mirarme de manera aún más descarada que cuando entramos y entonces, ruborizada, sudando, con ojos y mejillas encendidos no solo a causa del calor en la disco, entendí las verdaderas intenciones de sus miradas. No me importó sonreírle al responder a su amable adiós.
>>Con las primeras luces del amanecer subimos al Golf de Rafa y emprendimos el camino de regreso. Le pregunté si se encontraba en condiciones de conducir. Su respuesta consistió en ceñirme el cuello y estamparme un sonoro beso en los labios.
“Sabes a champán”, le dije.
>>Volvió a besarme y lamerme y susurró muy cerca de mi oído, “ahora debo de saber a ti”.
“¿Y si esperamos un poco?”.
...


sábado, 17 de enero de 2015

Sexy entrevista


ENTREVISTA XXXIII
...PAULA- O sea, que te quedaste sin tus ansiadas vacaciones de invierno.
PENÉLOPE- Yo no lo cerré. Tan pesada me puse, que el último día del año me permitieron que viajara para quedarme hasta Reyes.
PAULA- La Nochevieja es una noche ideal para pasarla con tu novio.
PENÉLOPE- Lo es. A la abuela le sorprendió mi llegada y se puso muy contenta. A Rafa no lo vi hasta la cena. Como nos reuníamos la familia (sus padres, Montse, los tíos Micaela y Luis, Miqui y los mellizos) para cenar en casa de abu, programó que después de las uvas nosotros iríamos a celebrarla al pueblo de la fiesta donde tan bien lo habíamos pasado en el verano.
“Y Montse y Miqui ¿no se empeñarán en que las llevemos?”, le pregunté.
“Estorban”.
“No seas malo”.
“Hemos organizado en la nave de un almacén vacío a las afueras del pueblo una buena juerga para esta noche. Seguro que les apetece quedarse. Y si no les gusta tendrán que acatar mis órdenes”.
“Si dices, “habéis organizado”, es que también cuentan contigo”.
“No te preocupes, sabrán divertirse sin mí”.
>>Durante la cena Rafa se sentó a mi lado. Yo estaba muy contenta. Me moría de ganas por reencontrarnos y que me volviera a besar y a hacerme el amor. Mientras hablaba con el resto de comensales apoyaba su pantorrilla en la mía o su pie descalzo sobre el empeine del mío para acariciarme y eso me gustaba. Pero cuando escondió su mano bajo la mesa y la colocó sobre uno de mis muslos, di un respingo y se me encogió el estomago. Recuerdo que le comentaba algo a la tía Micaela, sentada frente a él, y yo me puse colorada, porque su mano ascendió por la cara interna de mi muslo hasta colocármela sobre el sexo. Me moría de vergüenza y acerqué cuanto pude mi cuerpo al plato en que comía para que no nos descubriesen. Él no paraba de reírse o sonreír mientras me excitaba con su mano, pero mirando a la tía como si le hiciese gracia lo que ella le contaba.
>>Aquella noche cené muy poco.
PAULA- Los nervios ¿O la excitación?
PENÉLOPE- Estaba todo riquísimo, pero se me había puesto el típico nudo en el estómago y temía que mi abuela fuera a amenazarme con algún castigo por no comer. Pero por suerte en aquella cena contaba con otros nietos de los que ocuparse, sobre todo Noé y Rober, que aún no habían cumplido nueve años y eran muy graciosos.
>>Para colmo, el granuja de Rafa no se cansaba de coquetear. Incluso acercó su boca a mi oído.
“Pensé que ya no ibas a venir estas vacaciones”, me susurró. “Y si no vienes hoy, estallo. No sabes cuánto te deseo”.
>>Había intentado separarme las piernas mientras me decía eso. La tía, que no dejaba de mirarnos, le increpó:
“¿Qué cuchicheáis? En la mesa no se habla al oído, Rafa, es de muy mala educación”.
>>Yo me puse más roja aún. Creo que ella se daba cuenta del coqueteo que nos traíamos y sonrió para decirme en un tono que consideré irónico:
“Estás guapísima, Pe. No me extraña que tu primo quiera piropearte”.
>>Por las ganas me hubiera escondido debajo de la mesa. Y más cuando ante su comentario todos fijaron sus ojos en mí y el tío Venancio dijo:
“Penélope siempre ha sido muy guapa”.
>> También me daba un poco de corte que finalizada la cena nos vieran salir solos a nosotros dos. Pero el listo de Rafa planeó que saliéramos cuando las primas, como si fuésemos a pasar la noche juntos los cuatro.
PAULA- ¿Y cómo resolvisteis el problema con ellas?
PENÉLOPE- De hecho consideraba que debían estarle agradecido porque sus padres dijeron que como iban con el primo las dejaban quedarse hasta que regresara él. A ambas nos interesaban las complicidades ajenas.
PAULA- Y tu primo, por lo que veo, era un estratega muy hábil.
PENÉLOPE- Rafa les dijo que me iba a llevar a conocer una discoteca nueva que habían abierto (lo de la discoteca era verdad) y que podrían divertirse más en su pueblo, donde conocían gente.
“Pero pasáis a recogernos antes de ir a casa”, dijo Montse, que siempre era la más precavida y miedosa.
“Vale, y disfrutad, que con lo guapas que os habéis puesto os rifarán los tíos. Es la primera Nochevieja que os dejan salir y ya sabéis gracias a quién. Me debéis una”.
>>Yo sonreía por lo bajo oyendo lo camelador que es el primo y para que no se mosquearan. Nos despedimos con besos y deseándoles feliz año nuevo a Montse -discreta con un vestido de volantes por la rodilla y un chaquetón marino- y a Miqui -ella sí verdaderamente espectacular aquella noche a sus recién cumplidos quince años, vistiendo bajo la trenka una falda diminuta y una blusa transparente ajustada a los pechos y de la que nada más salir de casa se soltó los dos botones superiores formando un pronunciado escote que le desnudaba los hombros, subida a sus típicas plataformas, peinada de peluquería y con una raya negra en los ojos que le confería un gracioso aire de pícara. A los labios les pasó una barra de carmín muy vivo en cuanto salimos a la calle como si no se hubiese atrevido en casa, cuando ya sin pintarlos parecía una traviesa pin-up-...
CONTINUARÁ...




viernes, 16 de enero de 2015

Sexy entrevista


ENTREVISTA XXXII
Me han encantado las historias de hoy, pero me decepciona un poco que habiéndose vestido tan guapa -imagino que en espera de que nos visitasen Álvaro y Héctor-, los muy capullos no se dignen aparecer.
PAULA- Lo lamento- se me escapa al despedirnos.
PENÉLOPE- ¿Qué lamentas, Paula?
PAULA- Que con lo estupenda que estás no puedan contemplarte nuestros pretendientes.
PENÉLOPE- ¿Me he perdido algo?
PAULA- Tonta, los chicos de ayer que decías que estaban tan buenos.
PENÉLOPE- Ah, no te procupes, Pau. He quedado con Alex para asistir a una exposición que organiza una galerista amiga y me apetecía arreglarme a su gusto.
PAULA- Bueno, pues que disfrutes con la pintura y la fiesta posterior. Mañana nos vemos.
Me he sentido terriblemente decepcionada con la respuesta de Pe, y me parece que no solo por el hecho de haberme equivocado en mis pronósticos. Seré pánfila.

Las mañanas de miércoles suelo dedicarlas a las compras principales de la semana. He madrugado pero como el súper del que soy clienta no abre hasta las diez, llego con cerca de media hora retraso a la cita con Penélope, que ya me espera. Lee el periódico y, aunque por el gesto de su rostro parece como si le molestara mi impuntualidad, cuando me ve acepta con una sonrisa mi beso y mis disculpas.
PAULA- Si está Mario, suele acompañarme y no tardo tanto en la maldita compra. No calculé el tiempo que me iba a llevar.
PENÉLOPE- No te preocupes, cariño, no tiene importancia.
PAULA- Muchas gracias. Te aseguro que nunca que quedemos volveré a retrasarme.
PENÉLOPE- Me vale con tus excusas, Paula. No necesito promesas.
Es una chica tan encantadora en todos los sentidos a la que no solo le estoy tomando afecto, sino que me gusta como ninguna otra chica que conozco.
Intentando compensarla le he traído como regalo un precioso capullo de rosa roja. Cuando se lo entrego se le abren e iluminan los ojos. Sus preciosos ojos verdes. Lo huele, sonríe y me indica que me acerque para darme otro beso.
Hoy renuncio a mi café y doy un trago largo a mi gin-tonic, como si precisara ayuda externa. Penélope ha doblado el periódico y lo sitúa en una esquina de la mesa, cruza las piernas y con el capullo reposando entre sus manos a la altura del pecho se dispone a que entablemos nuestra esperada conversación.
PAULA- Me gustaría saber si vuestra historia (me refiero lógicamente a la tuya y de tu primo Rafa) quedó en el típico romance de verano.
PENÉLOPE- Durante todo el trimestre en el cole recuerdo que se me eternizaban las horas esperando que llegasen las vacaciones de Navidad para regresar como solíamos al pueblo.
PAULA- ¿No mantuviste relaciones con ningún chico en ese tiempo?
PENÉLOPE- En el sentido íntimo que insinúas con ninguno. Había salido algún sábado con un compañero de clase. Recuerdo que se llamaba Elías. Era rubio, con ojos azules y bastante descarado, lo que lo hacía muy popular entre las chicas. Tonteamos, nos dimos algunos besos con lengua..., pero no pasamos de ahí. Una mañana en el cole me condujo durante el recreo a un cuarto al lado del gimnasio del que no sé cómo consiguió la llave y donde se guardaban balones, colchonetas y otros accesorios para clase de gimnasia. Los dos nos deseábamos. Nos metimos mano, nos besamos apasionadamente e incluso me bajó los pantalones vaqueros con intención de follarme pero no llevaba preservativos y me negué. Debió de considerarme una estrecha porque desde aquel día prácticamente ni volvió a dirigirme la palabra.
>>El día que finalizaron las clases, lo primero que le pregunté a mamá fue:
“Mami, ¿cuándo vamos a visitar a la abuela?”.
“Este año, hija, tenemos que quedarnos. El abuelo Antonio (el padre de mi padre) está muy malito y papá quiere que lo acompañemos en fechas tan entrañables”.
>>Sentí como si me pincharan el cuerpo con alfileres. Agarré un terrible berrinche y, aunque también quería mucho al abuelo, le imploré a mamá hasta casi ponerme de rodillas que me dejaran ir. Ya había cumplido los dieciséis y le dije que podría viajar yo sola en el autobús. No creo que sospechara nada todavía, pero se opuso y me respondió que daba por cerrado el tema...

CONTINUARÁ MAÑANA.

jueves, 15 de enero de 2015

Sexi entrevista


ENTREVISTA XXXI
PAULA- ¿No te sorprendieron nunca las complicidades y el silencio de Montse?
PENÉLOPE- ¿Qué insinúas?
PAULA- Yo solo formulo preguntas.
PENÉLOPE- Por supuesto que dudaba de las tretas del granuja de Rafa -como lo llamaba la abuela- para convencer a su hermana. En un principio lo atribuí a esa habilidad suya para camelarnos a las mujeres, desde la propia abuela, a su madre, a Montse o a mí -y a todas las demás, por supuesto-. Pero es que entonces yo lo quería mucho y también lo consideraba solo granuja. Cuando comencé a considerarlo un verdadero cabrón no te niego que llegué a plantearme que hubiera entre ellos algo más que cariño de hermanos.
PAULA- ¿Observaste algún comportamiento o situación que te animaran a pensarlo?
PENÉLOPE- Si soy sincera tengo que decirte que no. A Rafa le seguía gustando tomarle el pelo. A veces la insultaba pero con menos mala uva.
PAULA- Lo que puede considerarse lógico si tenemos en cuenta el favor que os estaba prestando.
PENÉLOPE- Recuerdo que incluso una vez que la llamó gorda (uno de sus insultos favoritos) y ella se enfadó, en lugar de hacerle una invitación fea de esas de “vete a tomar por...”, que dicen los chicos, la tomó entre sus brazos e intentó calmarla.
“Que no estás gorda, hermanita. No tienes el tipo fino de Pe, pero estás muy buena y a los tíos les suelen gustar estos culos grandes”, le dijo sonriendo y mientras se lo palmeaba en tono de broma.
>>Montse no se molestó. En el fondo adoraba a su hermano, pero siendo honesta, aunque en tiempos albergara mis dudas y lo cabronazo que lo considero con las mujeres, no creo que él se atreviera a acostarse con su hermana. Y tampoco Montse es una quedona ni de las que buscan a los chicos. Siempre nos han tenido a las dos por las formales en la familia.
PAULA- Vaya, pues esa comparación no creo que le ayude mucho en el análisis del asunto del que hablamos.
PENÉLOPE- No seas pánfila, Paula, Montse nunca ha sido mucho de novios ni rolletes. De hecho a día de hoy sigue sin pareja y ya te digo que salvo aquella ocasión nunca observé entre ellos comportamientos que me indujeran a sospechar. Existirían otros motivos. O simplemente Montse nos quería y le hacía ilusión ayudarnos y que fuéramos novios. También conseguía acercarse más a su adorada prima, a la que siempre ha querido como a una hermana. En el pueblo se acaba enterando una de todo y si hubiera habido algo raro, antes o después, me hubiese enterado. Mira, con Miqui ya es otra historia.
PAULA- ¿La prima pequeña?
PENÉLOPE- Sí, la de la tía Micaela.
PAULA- ¿Te consta que se acostaran?
PENÉLOPE- Aquel verano no, pero en los siguientes en varias ocasiones los encontré tonteando, gastándose bromas y enredándose en juegos que a veces solo sirven para meterse mano. Miqui sí era quedona. Y atrevida. Descarada, decía mi madre. Como te dije, no levantaba medio metro, pero con sus curvas, su descaro, subida a plataformas en las que se necesita de un buen equilibrio para caminar, pintadísima de ojos y labios y la manera en que vestía, generalmente tops que apenas le cubrían los pechos, remarcándoselos bien, o bodys muy escotados y pantaloncitos tan cortos que no solo dibujaban su culo sino que la mayoría de las veces iba enseñando la nalgas, era casi un escándalo y provocaba mucho a los tíos del pueblo.
PAULA- Hoy en día en los pueblos ya se viste y se vive con la misma libertad que en las ciudades.
PENÉLOPE- No te creas, sigue habiendo mucho control social y les encanta el cotilleo. De hecho, en lo que se refiere a Rafa y a mí, como después de la última fiesta nos veían mucho tiempo juntos comenzaron a llegarme rumores así a las claras, de que me estaba follando. No podían entender que nos quisiéramos.
PAULA- Estabais follando, Pe.
PENÉLOPE- Pero también nos queríamos. Al menos yo lo quería. Y tampoco soy injusta. Hay chicos majos, pero mucho salido, e incluso mayores que en cuanto te ven un poquito ligerita de ropa se piensan que eres una puta con la que se pueden acostar cuando quieran.
PAULA- Oh, hija, creo que exageras.
PENÉLOPE- No exagero. Aunque Miqui no es de las que se cortan. Con piropos más inocentes yo me ponía colorada pero en cambio a ella la he visto revolverse a los tíos que se los decían, algunos diez o veinte años mayores que ella, e increparlos o simplemente llamarles cerdos o hijos de puta. Es muy mal hablada.
PAULA- Me gustan las chicas que saben defenderse.
PENÉLOPE- Vaya si sabía, pero hay otras maneras. Y en cuanto a sus tonteos con Rafa, en más de una ocasión los encontré toqueteándose y riendo. Viniendo de él sí que le gustaban los piropos y a lo menos que se atrevía era a retarlo cuando él le decía alguna cochinada. A veces pensaba, “bromas de primos que se llevan bien, que a mí me resultarían atrevidas en público”. Pero otras veces consideré seriamente que se la estaba follando, aunque puede que lo atribuyera a los celos. Para entonces ella ya había cumplido los dieciséis y aunque por la estatura y la cara de cría seguía pareciendo que tuviese trece, encandilaba a los tíos tanto y más que yo.
...


miércoles, 14 de enero de 2015

Sexi entrevista a Pe.


ENTREVISTA XXX
>>Yo empecé a temblar, me moría de vergüenza y de miedo a que el tío hubiera podido descubrirme. Le pedí que parase, pero me agarró por las muñecas y comenzó a golpearme con embestidas veloces mientras le suplicaba:
“Rafa, por Dios, que puede volver, déjame”.
“Pe, cielo”, me susurró al oído, “no me lo pidas. Estoy a punto. No pienses y céntrate en gozar. Además si te lo encuentras en el pasillo va a ser peor”.
>>Casi se me escapan las lágrimas, pero el muy listo recobró la postura que le di a entender lo mucho que me gustaba y, colocando sus manos bajo mi culo, volvió a elevarme y comenzó a moverse despacio, besándome en los labios y rotando sobre mi sexo con tanta suavidad y tanto deleite que me olvidaba del tío y para cuando me preguntó, “¿más tranquila mi encantadora novia?”, ni pude responderle que sí, porque solo me salían las palabras, “más fuerte, oh, Rafi, más”. Creo que también le dije, “sigue, sigue, oh dios, no pares”. Sonrió mirándome. Me llamó pilla (o puede que dijera golfilla) y cuando quiso recobrar el ritmo rápido lo recobró, hasta que muy muy sofocados, convulsionando y corriéndonos como afluentes que desembocan en el mismo río giramos y giramos sobre la cama. Yo entre sus poderosos brazos.
>>Era encantador. No se cansaba nunca. Y la golosa Penélope, aunque agotada físicamente, no se cansaba tampoco. Ya no nos importaban los ruidos del somier. Le hice un chupetón en el cuello, de puro contenta y juguetona. Me llamó bruja y dijo que me iba a comer. Y yo, lo único que le respondí fue:
“Me gustaría que me comieras”.
PAULA- La osadía y el coraje que atribuyes acertadamente a la excitación.
PENÉLOPE- No encuentro otros motivos más lógicos ni más hermosos.
PAULA- Oh, Pe, no miento si digo que me provocas mucha envidia.
PENÉLOPE- Si quieres te presento a mi primo.
PAULA- Ya no será el impulsivo joven de diecinueve.
PENÉLOPE- No creas.
PAULA- Ni yo acabo de cumplir los quince.
PENÉLOPE- No considero tan importante la edad -nos sonreímos-. Y para que te aumente la envidia, al detenernos, quedé tendida sobre él. Los primeros rayos de sol iluminaban su mirada de chico travieso y le dije:
“No sabes la cara de golfo que tienes”.
>>Y comencé a darle besos y más besos hasta que sentí que se me secaba la boca.
PAULA- No irás a decirme que hubo un tercero.
PENÉLOPE- Qué más hubiera querido. Pero fue el último. Y no solo el último de la noche.
PAULA- Pues a pesar del susto por la presencia del tío -que no sé yo-, veo que no resultó una mala despedida de verano.
PENÉLOPE- Él, no creas, insistió para que compartiéramos las dos noches siguientes, repitiendo que eran las últimas, pero yo, fuera de la cama -y lógicamente menos excitada- había recobrado mis miedos a que pudieran descubrirnos sus padres y lo que le dirían a la abuela y a mamá y me negué...


lunes, 12 de enero de 2015

Sexi entrevista a Pe.

ENTREVISTA XXIX
Sonríe y apoya una de sus manos sobre la mía.
PENÉLOPE- Me gusta que el chico que me acompaña disfrute conmigo, te lo juro, pero no es menos cierto que en esos maravillosos momentos me cuesta mucho concentrarme en nada que no sea mi propia satisfacción. Quizás por eso no soy nada buena, lo reconozco, en prácticas como el 69. Te hablo de una experiencia más actual. Creo que fue Javi el primero que me lo propuso y recuerdo que cuando su lengua comenzó a lamer mi sexo y se me alborotaron todas las endorfinas del placer, me quedé quietecita como una payasa y, aunque seguía intentando que se la chupara, yo me desentendí completamente de su miembro, me lo saqué de la boca y empecé a chillar concentrada únicamente en lo que él me hacía con su lengua ahí abajo. Luego le expliqué de la manera más delicada posible que cuando me corro me quedo sin fuerzas y solo me apetece deleitarme en lo que me están haciendo, y no repetimos.
PAULA- Podíais haber alternado.
PENÉLOPE- Alternamos en aquella ocasión, pero para entonces, viviendo aún las secuelas de mi delicioso orgasmo lo único que me apetecía era quedarme tumbada, inmóvil entre los brazos de mi chico recibiendo sus caricias.
PAULA- Veo que además de viciosa eres muy egoísta.
PENÉLOPE- Si eso es ser egoísta, acepto, soy egoísta. En cuanto a Rafa, cuando terminó, intercambiamos dos cariñosos besos, extendió uno de sus brazos sobre mi estómago y se quedó dormido. Así de rápido, te lo juro. Yo, que también soy una chica prudente, esperé para moverme hasta que me creía segura de que ya no iba a despertarlo, con la sana intención de regresar con la prima Montse.
PAULA- Satisfecha.
PENÉLOPE- Muy satisfecha. Pero con Rafa nunca se sabe. Ya me había sentado en el borde de la cama resignada a incorporarme cuando su mano me ciñe desde atrás. Del susto casi salto. Vuelve a tumbarme de espaldas. “¿Qué haces?”, le digo en el volumen más bajo de voz que puedo, “no ves que está a punto de amanecer, no seas...”. No me dejó terminar. Me tapó la boca con la suya. El cabrito estaba empalmado de nuevo y me di cuenta, incluso antes de que se me colocara encima, de que no iba a dejarme ir sin echarme otro polvo.
>>Me resistí de mentirijillas, como jugando pero advirtiéndole del peligro de que amaneciéramos juntos en su cama. Pero me colocó la mano en la entrepierna, como si se tratara de un detector de mentiras y susurró:
“Pero si estás empapada otra vez, muñeca. Lo deseas más que yo”.
>>Lo pellizqué con todas las ganas en el culo. Y para chincharme me dijo -eso sí, sin detener sus tramposas caricias-:
“Si no quieres, lo dejamos”.
>>Y le di otro pellizco más fuerte aún.
>>Acababa de penetrarme con el mismo vigor que unos minutos antes, llevando sus manos a mis nalgas para elevarme el culete. Te lo juro, Pau, follándome el muy cabrito con mi cuerpo en el aire, solo apoyada en cabeza y talones, cuando oímos una puerta y luego pasos.
“Rafi, ¿oyes?”, le dije.
“Chiss”, me respondió, deteniéndose y hundiéndome en el colchón pero sin salirse. “Mi padre a veces se levanta al baño, le falla la próstata. No te preocupes, no tarda un minuto”.
>>Permanecimos expectantes en esa extraña postura hasta que oímos vaciarse el agua de la cisterna. Entonces, como si hubiera sonado la señal de salida en una prueba atlética comenzó a moverse de nuevo dentro de mí. Tan impetuoso como toda la noche. O puede que más, porque no recordaba que nunca me hubiera llegado a los sitios que me llegaba.
>>La gozosa sensación de plenitud que de pronto invadió mis interioridades femeninas amenazaba con desmayarme. Sentía tanto placer que puede que emitiera algún sonido involuntario. O que sonara el somier de su cama con la feroces embestidas con que me hundía en el colchón porque las manos me las había colocado en torno al cuello con la disculpa de ayudarme a que se las aguantase, aunque siempre se las aguantaba sin necesidad de ayuda. Lo cierto es que de pronto, sin que oyéramos otros ruidos que los nuestros, se abrió la puerta, y a mi tío Venancio gritando:
“¡Rafa, saca ahora mismo a esa puta de aquí!”.
“Hostias, papá, cierra”, le dijo él mientras trataba de cubrirme el rostro con la sábana, “ya se va”.
>>Y a mi tío, cerrando la puerta de golpe -imagino que avergonzado-, aún le oí decirle, “te he dicho mil veces que no me traigas tus zorras a casa. Y para colmo con tu hermana y tu prima en la habitación de al lado”...




sábado, 10 de enero de 2015

Sexi entrevista a Pe.


ENTREVISTA XXVIII
>>El muy bestia entraba y salía como si de verdad quisiera cumplir su amenaza de traspasarme. Sin embargo, tras cuatro o cinco penetraciones comenzó a gustarme tanto aquella manera golosa y un poco salvaje de amarme, que mis puñetazos se convirtieron en un abrazo a su cintura al que entregué todas mis energías porque deseaba sentirlo cerca. Muy muy cerca. Que nuestras pieles se incendiaran con el roce.
>>Lo rodeé con piernas y brazos y debí ponerme colorada porque me ardían las mejillas y dijo:
“Qué guapa te pones, Pe, cuando te ruborizas”.
>>Y aunque intentaba reprimirme para que mis ruidos no despertaran a nadie (la habitación de Montse iba pared con pared a la “nuestra” y la de los tíos dos o tres pasos al fondo al otro lado del pasillo), se me escaparon sin querer gemidos y más gemidos. Me gustaba el tacto cálido de su cuerpo chocando contra el mío, y su aliento como fuego a punto de incendiar el mucho alcohol que sin duda se había tomado.
“Gime, preciosa, sigue gimiendo”, me susurraba, para preguntarme el muy gamberro a continuación “¿qué es lo que más te gusta?” y yo le decía, “que me folles, Rafa, que me sigas follando”, siguiendo al pie de la letra las instrucciones que me había facilitado para responderle la primera noche que me lo preguntó y no acertaba qué decirle.
“Cada día me gusta más follarte, Pe y, tan jovencita, lo bien que follas. Eres una criatura divina”.
“Tú sí que sabes hacérmelo, Rafi”-le dije, y abrí los ojos y observé su rostro tenso pero pleno de felicidad mientras su tronco se combaba una y otra vez como un felino para golpearme con todas sus ganas entre las piernas.
“Oh, Rafi, eres el mejor”.
“¿Cuántos te lo han hecho para comparar?”
“Ah, secreto”.
>>Me agarró la melena a la nuca intentando inmovilizarme, con el resto de su cuerpo presionando sobre mí, me besó en los labios casi hasta morderme y luego dijo:
“¿Te ha follado ese cabrón?” No me mientas. Le negué moviendo la cabeza y mirándolo con ojos de mimosa. “Ahora vas a enterarte de lo que es un buen polvo”.
>>Me reía por dentro porque, aunque apenas me permitía moverme y el corazón me latía con estrépito, me encantaba sentirlo poderoso cubriendo a una chica flaquita y débil como yo, y eso que pesaba lo suyo y a diferencia de otras noches no se preocupaba de apoyarse sobre los codos para no lastimarme.
>>Me pareció increíble que con solo diecinueve años supiera lo que sabía, entrándome hasta el fondo si mi deseo era lo que demandaba o deleitándome zonas que nunca hubiera imaginado tan sensibles, incluso superficiales, donde el placer que conseguía no era menor. Yo seguía abrazada a él, ardiendo y a punto de estallar, cuando, intuyendo -no solo por mis gemidos- lo que me sucedía, me golpeó más fuerte que nunca, contrayendo sus glúteos, sofocado pero incansable en su intento por complacerme, y consiguió que me corriera.
PAULA- Imagino que también intentaría complacerse a él mismo.
PENÉLOPE- Era muy generoso en las relaciones sexuales.
PAULA- ¿Era?
PENÉLOPE- Es. Creo que llegamos a olvidarnos del lugar donde nos encontrábamos y preparamos cierto alboroto. Nos besamos a lo bruto. Ahora los dos. Rodamos sobre la cama, sin separarnos un milímetro, y al situarme encima de él me soltó el pelo. Yo sonreí y le dije:
“¿No piensas terminar?”. Aunque como me sentía muy agradecida continuaba colaborando en la medida de mis posibilidades.
>>Él tardaba mucho en correrse. Puede que por culpa de las cervezas y los cubatas que se habría bebido. Ya no aceleraba como al principio. Parecía que le costase esfuerzo elevarme, aunque me seguía llegando bien al fondo y susurraba entre dientes:
“Pero que buena estás primita, ¿te he dicho que es una gozada follarte?”.
“Oh, no, no te lo había oído nunca”.
“Quieres que lo repita otra vez, ¿eh, viciosilla?”
>>Me elevó otras cuatro o cinco veces y luego se relajó tanto que pensé que fuera a dormirse bajo mi cuerpo. Si te soy sincera, yo casi me estaba cansando.
PAULA- Claro, cuando la niña lista alcanza su clímax ya no le importa desentenderse de su pareja...



viernes, 9 de enero de 2015

Sexy entrevista a Pe.


ENTREVISTA XXVII
>>Y es que me había puesto muy muy cachonda. La noche que más, como si hubiéramos bebido juntos. Yo misma notaba mi sexo abriéndose a sus caricias como el capullo de una rosa bajo los influjos de los rayos del sol.
>>Mientras jugaba con la punta de su duro miembro sobre él, me dijo en un tono que sonaba a celos:
“Esta tarde te he visto con Santi”.
“Solo hablábamos”.
“Y te cogía del brazo para acercarse a tu oído y reías”.
“No seas tonto. Solo me estaba pidiendo disculpas”.
“Ese hijoputa te acabará follando, Pe”.
“Rafi, ¿quién piensas que soy? Si lo hago contigo es porque te quiero. No pienso hacerlo con nadie más”.
“Qué bien mientes, golfilla”
“No te miento”.
>>La verdad es que no había parado con Santi ni cinco minutos. Nos encontramos casualmente en la plaza del pueblo. Pensaba saludarlo con un simple adiós y seguir mi camino porque lo seguía teniendo miedo después de lo que me contaron de él, pero se acercó para disculparse por cómo había terminado nuestro baile en la verbena y no supe esquivarlo. No le mentía a Rafa. Me dijo también (Santi) que le había fastidiado (jodido, fueron sus palabras) que no nos fuésemos juntos porque lo hubiéramos pasado muy bien. Le había gustado mucho cómo bailamos. “Tú y yo nos compenetramos, estamos hecho el uno para el otro. Tenemos que vernos una noche”, me dijo con una media sonrisa que resultaba seductora en su cara de golfo. Aseguró que no me iba a arrepentir. Incluso propuso que nos viéramos aquella noche y se ofreció a pasar a recogerme después de cenar. Yo sonreí pero dándole largas y fue cuando se me acercó al oído rozando mi mejilla para decirme, “que no se entere tu primo”, como si diera por hecho que lo aceptaba, “ese capullo me consta que está colado por ti y el muy gilipollas es capaz de cualquier cosa si considera que le pones los cuernos”. Pero claro eso no se lo iba a decir a Rafa.
“Entonces ¿por qué le dejabas que se acercara tanto?”
“No lo dejaba, Rafi. Son imaginaciones tuyas.”.
“Solo le faltó morrearte. Ese tío te pone caliente, primita”.
>>No supe contestar. Y entonces él, furioso, creo que ciego de celos, murmuró algo cochino entre dientes a lo que prefería no responderle y de un solo impulso me la metió hasta el fondo.
“Bruto”, le dije, “me has hecho daño”. Y con el puño cerrado lo golpeé en la espalda.

...

jueves, 8 de enero de 2015

Sexi entrevista

ENTREVISTA XXVI

PENÉLOPE- La última noche. La última porque ya solo faltaban dos días para irme del pueblo pero también porque desde lo que sucedió no me atrevería a volver a acostarme en su casa.
PAULA- Después de lo mucho y bueno que me has contado comienza a resultarme difícil imaginar que no te atrevieses.
PENÉLOPE- De veras, Paula, te empeñas en no creerme, pero siempre he sido una chica muy tímida.
Sonrío mirándole directamente a los ojos y bebo de mi taza de café mientras le permito que me siga contando.
PENÉLOPE- Aquella noche ya no había empezado muy bien. Cuando Montse y yo nos fuimos a la cama, Rafa, que había salido de copas con sus amigos y puede que amigas...
PAULA- ¿De copas por el pueblo?
PENÉLOPE- En el pueblo hay dos bares, guapa, y te pueden servir todas las copas que quieras.
PAULA- Oh, Pe, no te ofendas, no pretendía... A veces no me expreso con la claridad que deseo.
PENÉLOPE- No me extraña. Ya dice Alex que los escritores en general -imagino que incluye a escritoras- acostumbrados a escribir bien gracias a que corregís, repasáis y reconstruís frases una y mil veces, no soléis ser tan hábiles a la hora de expresaros hablando.
PAULA- Me he ganado merecidamente este rapapolvo.
PENÉLOPE- Te lo llevas ganando varios días.
PAULA- A ver, a ver, explícame eso.
PENÉLOPE- Creo que te interesa más mi idilio con Rafa.
PAULA- Puede que lleves razón. Pero la palabra idilio se me queda corta.
PENÉLOPE- Pues no solo no había regresado aún como ya sucediera otras noches, sino que no lo oímos entrar.
PAULA- Y, por cierto, también comienzan a interesarme otros temas relacionados contigo.
PENÉLOPE- ¿Hoy piensas interrumpirme a cada frase?
PAULA- Perdone la señorita.
PENÉLOPE- Mi prima y yo nos entretuvimos charlando incluso ya con la luz apagada, pero ni con esas.
>>Nos quedamos dormidas. Aunque el muy granuja se negó a decirme la hora intuyo que serían las tres o cuatro de la mañana. Entró en el dormitorio de Montse y me acarició una mejilla para pedirme que me levantase. Aún en duermevela me giré y le dije en un susurro:
“Oh, Rafi, tengo mucho sueño”.
>>Entonces me tomó del brazo y me zarandeó para despejarme.
“Vamos, Pe, arriba si no quieres que me enfade”.
“Hoy no, déjame dormir”.
>>Tiró de la sábana hacia atrás sin importarle despertar a su hermana ni verla desnuda, aunque la prima simulaba que seguía durmiendo, y me ayudó a incorporarme (más bien me obligó).
“Levántate si no quieres ganarte unos buenos azotes”.
“Eres un asqueroso. ¿Por qué vienes tan tarde?”
“Anda, camina”.
“Vete yendo que ahora salgo yo”.
“Te espero”.
“¿Si nos ven tus padres?”.
“A estas horas duermen como troncos”.
>>No me permitió ni ponerme la camiseta y me sacó completamente desnuda al pasillo.
“Estás loco”, le dije. Y como respuesta me tomó de la cintura y me mordió el lóbulo de la oreja.
“Has bebido”.
“A ti sí que te voy a dar de beber”.
>>No iba borracho de caerse, pero olía a alcohol y cuando entramos en su habitación se quitó la ropa en dos rapidísimos gestos, me abrazó, y siguió diciéndome groserías aún más cochinas que otras noches y a comportarse con cierta brusquedad.
PAULA- ¿Hablas de agresiones?
PENÉLOPE- No. Intentó metérmela en la boca. No me apetecía y, aunque en un principio me obligó a ponerme de rodillas y me condujo hasta su sexo tomándome la cabeza entre las manos, cuando vio que pateaba y lo golpeaba con los puños, rectificó colocándome a su altura, me estrechó entre sus brazos y, tras besarme cariñosamente, me dijo:
“Solo pretendía que la probaras, Pe. Sabe rica”.
“A mí no me gusta”
“Ah, ¿no?”, preguntó el granuja empleando tono de sorpresa.
“Chuparla no”
“Pues las conozco que se cambiarían ahora mismo contigo sin pensarlo”, me dijo con verdadera intención de mosquearme.
“Pues que te la chupen ellas”.
>>Abrazados nos tumbamos en la cama.
“Ten cuidado”, le dije al oído, porque sonó con estruendo el somier y temí que se despertaran los tíos. “Rafi, estás como una cuba, creo que es mejor que me vaya con Montse”.
“No te vas a ir a ningún sitio. No te has querido comer esta polla a la que tanto le debes”, me dijo, blandiéndola en su mano contra mi abdomen y colocándomela luego entre las piernas, “pero hoy vas a disfrutarla a base de bien. Te la voy a meter hasta por las orejas”.
>>Me azotó manteniendo las manos sobre mis nalgas y con la misma furia me besó en los labios y a continuación en el cuello, donde mordió.
“¡Ay!, eres un bestia, Rafi, me has hecho daño, déjame”.
>>Lo empujé, me puse seria e intenté darle la espalda. Pero siguiendo de nuevo ese juego en que tan pronto buscaba mi enfado como se desvivía en los más deliciosos consuelos, me pellizcó suave en el culo, volvió a estrecharme entre sus brazos y mientras me miraba con su sonrisa pícara comenzó a acariciarme en los sitios que más me gusta (conocía todos y cada uno de ellos) y a llamarme preciosa y otras cosas bonitas.
PAULA- Aún así considero muy acertada tu actitud -y estabas en tu perfecto derecho- defendiendo ya entonces con tus quince años lo que te apetecía y no te apetecía que te hicieran.
PENÉLOPE- De todos modos, no creas que me quejo, porque lo que me hizo después del intento fallido de felación, me encantaba, incluso cuando me llamó putilla y dijo que lo volvía tan loco que iba a traspasarme.
“Asqueroso”, le dije, “¿por qué me llamas putilla?”
“Putilla solo para mí. Y te lo digo con cariño”.
“¿Porque me quieres mucho?”
“Te quiero muchísimo”, dijo mientras colocaba sus manos en el dorso de mis muslos para separarme las piernas. Para entonces ya me había despejado y aunque disimulara un poco para chincharlo, me había excitado y lo deseaba tanto y más que él a mí. Encajó sus caderas entre mis generosos muslos que se separaron cuanto podían para acogerlo y, como si quisiera palparme, coló las yemas de sus dedos entre los vientres de los dos, me alcanzó el sexo y lo acarició.
“Tienes un coño divino. Es un verdadero tesoro, Pe”.
>>Pegué mi cara a la suya y me atreví a susurrarle:
“Pues estás de suerte, porque es todo para ti”.

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